La militancia necesaria en la nueva etapa de la Revolución Bolivariana

A la memoria de Edgar y Kian

El 2016 sin duda fue lo que bien sabíamos sería, el año más duro de la Revolución Bolivariana, el diciembre del 2015 lo presagiaba, a la distancia es importante recordar propuestas sobre como seguir la lucha que fueron expresados en ese momento por la militancia chavista y que no han sido tomadas en cuenta, basta hacer un breve repaso por los aportes que se generaron de la movilización popular del 9 de diciembre del 2015 y que fueron realizadas directamente al Presidente Maduro, aún ese camino es necesario.

No dudo en decir que para mi los sucesos más críticos del 2016 fueron la perdida de dos hermanos de lucha, por mucho son las situaciones más duras de ese año de esfuerzo, crisis y cuestionamiento permanente al andar revolucionario, también es justo decirlo, en estos meses hemos sido capaces de soportar y de rearmar la vida desde situaciones nunca antes vistas para muchxs, aunque suene odioso, hemos tratado de vivir desde lo que realmente somos capaces de producir, desde nuestrxs propios pies, como dice la canción, por ello muchas limitaciones pero también infinitas posibilidades para desarrollar lo necesario para avanzar.

El 27 de septiembre del 2016 el compadre Edgar Medina partió físicamente, en pocas semanas se fue desvaneciendo ante los ojos de muchxs de lxs que aprendimos de él las lecciones más hermosas para la lucha. Edgar era la solidaridad hecha hombre, militante de “vieja escuela”, quien sostenía la palabra desde la acción, del quien podías confiar todo, incluyendo tu vida, estaría consciente del valor de lo que le confiabas, pocas palabras bastaba para que también asumiera cualquier tarea encomendada, y no por fácil de sumar, de convencer (los que lo conocieron saben muy bien de lo que hablo) sino que una vez entregaba la confianza era suficiente para respaldarte en todo lo necesario, era tu “hermanazo” de verdad.

Entre lo pensado sobre Edgar desde su partida debo exponer que solemos con mucha facilidad poner en negativo los valores realmente revolucionarios de lxs camaradas con los que luchamos, escuche en alguna ocasión que uno de sus defectos era que “confiaba mucho en la gente”, hoy reafirmo que era una de sus principales cualidades, confiar en su gente, en la clase, a ciegas, ¿de alguna otra manera deberíamos hacerlo?.

Es una de las muchas cosas que debo resaltar de su ejemplo, el hacer sin dudar lo que era necesario para el bien colectivo, allí la solidaridad se hace fundamental para la lucha revolucionaria, es uno de sus motores.

Sumando además la construcción de relaciones que superan la mirada instrumental del ser humano en la política, no somos fichas de nadie para que funcione un plan individual, clientes al servicios del mejor postor, para él la tarea era tejer tramas políticas solidas, partiendo de lo que somos, de nuestro ser, entablando relaciones de “pana” (Edgar asumía lo planteado por Alí Primera como principio, no por casualidad era un militante proveniente de Falcón, esa tierra que tanto ha entregado desde hace cientos de años a las revoluciones del país), construyendo desde la hermandad la posibilidad de andar juntxs. Desde allí las diferencias circunstanciales se superan, así que a la hora necesaria estaremos unx al lado del otrx, demostró que en esa situación toda contradicción secundaria se aparta.

El 17 de diciembre del 2016 mi hermano Kian a pesar de luchar intensamente, como hacia siempre, partió físicamente. Otro dolor mayor para muchxs, sin duda fue una amarga sorpresa, aún cuesta asumirlo, no sólo porque muy pocos sabían de la dolencia que le aquejaba, sino porque nadie podía pensar que él, quien siempre estaba activo con su fuerza y juventud, no sería parte de los millones que luchamos en este 2017 por mantener a la revolución.

Tuve el placer de conocerlo en las dinámicas de la Comuna Socialista Ataroa y tuve el honor de trabajar junto a él cuando estuvimos un equipo diverso del movimiento popular en el Ministerio para las Comunas, en los tiempos de Reinaldo Iturriza, era ejemplo de entrega incondicional, de no descansar hasta que la tarea fuese cumplida a cabalidad, no para que quedara bien ante las autoridades, nada de eso, sino para que lxs vocerxs pudieran aprovechar al máximo cada actividad en la que estuviéramos involucrados.

En esas situaciones fui testigo de su extraordinaria facilidad para conectar con la gente y sobre todo cultivar esas relaciones siempre, el pueblo no era un accesorio para usar en alguna actividad (sobre todo si habían cámaras), eran camaradas con los cuales se debía sostener un dialogo permanente, a los cuales se les servía y se establecían grados de confianza que permitían el armar conspiraciones y luchas necesarias para que los objetivos populares fueran cumplidos.

Ninguno rehuía pelea, siempre dispuestos a defender y luchar por todo lo que creían necesario, no veían quien era el posible ganador para acercársele, ese calculo no estaba presente, avanzaban de frente asumiendo siempre las consecuencias, la victoria estaba de su parte al estar del lado de la justicia.

Y no quiero idealizar a los compas, defectos tenían (tenemos) miles, tercos como ningunos, despreocupados por su salud (como muchxs), en parte allí la razón de sus idas antes de tiempo, injustas, por eso duelen, en eso también se parecen a Chávez, por eso son dolores que no son fáciles de llevar.

Ambos tenían la capacidad para pensar lo estratégico pero sobre todo eran capaces de hacer las cosas sencillas para que lo estratégico se concrete, para que lo hermoso fuese posible, en fin, eran hacedores de revolución, en tiempos en que mucho discurso y tareas suenan a vacío, son de los militantes que hacen falta, mucha falta.

Sin duda somos una corriente histórica, es fácil encontrar puentes entre procesos previos y su influencia en la Revolución Bolivariana, Edgar era uno de ellos, servía para tener presente la mística y el compromiso combativo del que lucho en resistencia, con todo en contra, teniendo la coherencia y el tesón de saberse en el camino justo. Kian es hijo del llamado del Comandante Chávez, que sumo a millones a ese andar que ya se venia trazando, que tenia claro que todo era posible, que trasformar un país en pocos años era fácil y que los cambios para ser irreversibles debían ser permanentes, y que sólo haciendo esos cambios en nuestras comunidades derrotaríamos a quien se atravesara, incluso al mismísimo diablo disfrazado de imperio si era necesario.

En ambos la militancia esta presente como un eje permanente, como forma de vida, hoy nos toca hacer una nueva síntesis, nuevos puentes para el continuo histórico, sin duda transitamos un nuevo periodo, no el de la resistencia de los 80 o 90, ni la euforia de avance con el huracán del Comandante, sino el de la reconstrucción y articulación de las fuerzas para continuar avanzando en la Revolución Bolivariana, para dar pasos sólidos que nos permitan desde la autonomía popular honrar los esfuerzos de muchxs que no están hoy pero que les debemos el futuro, allí les agradeceremos, en la victoria próxima.

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